Son 1.547m sube y baja sobre nieve, un bocadito de nada para el ogro Johannes Klaebo, una montaña de dolor para los demás, entre ellos los españoles, decimoquintos en la final. Aunque lo cubren en más o menos tres minutos, los esquiadores lo comparan a un 800m de atletismo: máxima velocidad desde el comienzo y sprints repetidos, hasta la zona roja, en cada montículo, y al final, claro. Como una clásica de ciclismo en las Ardenas. La capacidad de recuperar tras cada aceleración es la clave, lo que dicen de amar el lactato, acogerlo y alimentarse de él. Los esfuerzos se repiten una y otra vez. Es la llamada prueba de sprint por equipos de dos, lo que supone cuatro milquinientos en solo dos horas para cada esquiador. Uno para clasificarse y lograr un buen puesto en la salida, y tres, uno cada tres minutos, para cubrir las seis postas.