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Fran Escribá y el «peso de la camiseta» del Real Zaragoza que él mismo vivió

Fran Escribá está a punto de cumplir el objetivo que se le marcó en su fichaje por el Real Valladolid, es decir, salvar la temporada y mantener al equipo en Segunda División un año más. Lo mismo por lo que lucha su exequipo, el Real Zaragoza, pero con un panorama mucho peor que el blanquivioleta.

En la rueda de prensa previa al duelo, el técnico valenciano tuvo una frase muy definitoria de lo que es el Real Zaragoza, porque él mismo lo vivió en sus propias carnes: «Esa camiseta pesa». La presión, la dureza, la gestión de las expectativas y la mochila de una historia que no es de Segunda División... ni mucho menos de Primera RFEF. Un gigante caído.

Bien lo sabe él, que lo tuvo que sufrir en una etapa zaragocista de vaivenes y montañas rusas que terminó como casi siempre, con destitución. Por cierto, será la tercera vez en la que se enfrentará a los aragoneses tras salir del club, las dos anteriores fueron con el Granada tanto en Copa del Rey como en Liga, ambas en La Romareda. «Conozco bien a esa plantilla, a bastantes jugadores, y el rendimiento está siendo inferior a la calidad que tiene el grupo. No es un mal equipo, pero esa camiseta pesa y se nota. Tienen jugadores de muy buen nivel que luchan hasta el final con opciones de puntuar y me espero un partido muy difícil», aseguró el técnico.

Como casi siempre también, Escribá llegó en pleno terremoto tras la destitución de Juan Carlos Carcedo y, de paso, de Miguel Torrecilla, un doblete de despidos que se repitió con Juan Carlos Cordero y Miguel Ángel Ramírez y con Txema Indias y Rubén Sellés esta misma temporada.

En sus primeros 27 partidos hizo lo que debía, que era salvar al Real Zaragoza, logrando 53 puntos y una holgada distancia de 9 puntos con el descenso. Sin embargo, en su segunda campaña, el equipo cayó y con él el entrenador que más ilusionó al zaragocismo en un inicio de temporada.

Cinco victorias consecutivas dispararon el optimismo. El Real Zaragoza jugaba bien, fluía, no encajaba, tenía jóvenes canteranos ilusionantes y el tándem con Cordero lograba resultados. Pero después, solo una victoria en Andorra (y contra diez) en once partidos terminaron por dinamitar el proyecto, culminando con una derrota tan dolorosa como moral ante el Huesca en La Romareda. Escribá sintió en sus propias carnes la montaña rusa que es el Real Zaragoza. Del todo a la nada, del entusiasmo al tortazo y de soñar con ascender a volver a sufrir por no bajar. Y ahora esa situación casi sería hasta idílica.

Y como conoce muy bien esta casa, también habló sobre las pintadas en casas y negocios de jugadores y directivos: «Conozco aquello y esos trastornados no representan a ninguna afición. Son cuatro pero hacen mucho ruido y, desde luego, no representan a una afición como la del Real Zaragoza, que es muy de su equipo, muy ejemplar, muy exigente, pero al mismo tiempo muy respetuosa». Y por ello, por su conocimiento del zaragocismo, sabe que deberá jugar con los nervios de un equipo que se juega la vida sin red debajo.

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