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Rocío: "Viviendo en la calle, la gente ha sido muy buena conmigo. Estoy despierta desde las 7 de la mañana para barrer mi zona"

La vivienda se ha convertido en un muro para muchas personas. No solo para jóvenes que no pueden independizarse, sino también para quienes han trabajado durante años y aun así han acabado fuera del sistema. Esa es la historia de Rocío, una mujer mayor que vive en la calle tras perder su hogar después de la muerte de su marido.

Rocío vive en la calle después de la muerte de su marido

Rocío explica que después de la muerte de su marido las cosas no le fueron bien. Empezó a trabajar limpiando en una casa, pero aquello no fue suficiente para sostenerse económicamente y acabó perdiendo su hogar.

A pesar de su situación, Rocío explica que "si no se meten contigo", puede lidiar con su escenario actual. Además, menciona que la gente del vecindario ha sido muy buena con ella, lo que le ha permitido hacer más llevadera una situación verdaderamente compleja a su edad.

La mujer cuenta que la mayoría de gente suele darle 1 euro o 50 céntimos con lo que le es suficiente para comprarse el pan. Además, también han llegado a darle tanta comida que ni siquiera ha sido capaz de acabársela toda.

Rocío lo cuenta con una serenidad que impacta, precisamente porque su situación no tiene nada de sencilla. Cuenta así también que se levanta a las 7 de la mañana y barre "su zona"; no quiere dar una mala imagen pese a tener que estar viviendo en la calle.

En su día a día, Rocío se dedica a pasear y sobre todo ir al médico a consecuencia del dolor de espalda. Después de todo, por positiva que sea en su situación, la realidad es que dormir en la calle entre cartones no ayuda a su cuerpo de ninguna manera.

Es obvio que Rocío lleva su situación de la mejor forma posible. Pero más allá de su escenario individual, que haya personas de su edad que antes tenían un hogar y que ahora residan en la calle habla de un problema mayor a nivel de sociedad.

La historia de Rocío no debería leerse como una excepción curiosa, sino como una advertencia. Si una mujer mayor, después de haber tenido una vida, una casa y una rutina, puede acabar durmiendo entre cartones, entonces el problema no está sólo en una mala racha personal. Está en un sistema de vivienda que cada vez deja menos margen de error a quienes ya viven en situación de vulnerabilidad.

Fuente original: www.sport.es →