El ciclismo va de generaciones, la que se presenta, la que domina y la que poco a poco comienza a despedirse. Y eso se ve en Eslovenia, el país que presentó en sociedad y en la cumbre de Calar Alto a su nuevo valor, Jakob Omrzel, 20 años, el más joven de la Vuelta, el que triunfó en una etapa épica donde Enric Mas, aguerrido y desencadenado, arañó 27 segundos de oro a otro esloveno, Primoz Roglic, el que poco a poco empieza a recorrer el último tramo como estrella de este deporte.
A la misma edad que su paisano Pogacar ganó su primera etapa en la Vuelta, Omrzel cubrió con éxito una escapada de maravilla ayudado por un vasco que se despide del ciclismo, Pello Bilbao, y por un colombiano, Santiago Buitrago, que se reafirma como líder de la montaña, todos a las órdenes de un catalán, Xavi Florencio, el director del Bahrain.
Fue la etapa de las dos caras, la del chavalín de Eslovenia ilusionando de nuevo a un país en depresión por la caída de Pogacar y la de un experto que se ha encontrado a sí mismo en esta Vuelta, Mas, que está haciendo cosas que nunca había hecho, que no se arruga, ¡al ataque! Cuando cambia el ritmo, a 13 kilómetros de Calar Alto, deja clavados a todos, como hizo en Aitana y como se presume que intentará el sábado en Sierra de la Pandera, entre los olivos de Jaén.
No sólo era el nuevo Mas, sino el Movistar del pasado, con las denominaciones anteriores de Reynolds o Banesto, el equipo que enviaba unidades por delante (Raúl García Pierna y Pablo Castrillo) y el que sacrificaba a Iván Romeo para que le controlase la Vuelta a su líder ante sustos como el que intentó dar Richard Carapaz.
Y hasta suerte tiene el Movistar de que el Decathlon, el equipo más fuerte, pedalee con potencia en las piernas, pero descabezado tácticamente. ¡Qué horror! Felix Gall volvió a precipitarse a la hora de atacar, como sucedió en Aitana, con compañeros para impulsarlo más allá de los 15 kilómetros cuando decidió equivocadamente pasar al ataque. Esas cosas sólo las hace Pogacar.
Mas, en cambio, se dejó llevar, demarró en el momento preciso, enlazó con García Pierna y en solitario se fue a amarrar segundos porque sabe que no le va a sobrar ninguno, si la cosa sigue así, en la contrarreloj de la próxima semana, en Jerez, ante Roglic, el experto, el especialista y el que le puede amargar la victoria. Lo tiene ya a 1.45 minutos, tras la suma de los 27 segundos pillados en Almería. Necesita más. Nada sobra. Y él lo sabe.
La Vuelta no está ganada. Mas no es Pogacar, qué más querría, pero sí el ciclista que se ha sacado el miedo del cuerpo, que ya no teme atacar, que ha dejado de ser un corredor conservador y que entusiasma cuando demarra, todo o nada, vamos a allá. Es el que quería estufas en Calar Alto y hace un calor de mil demonios por los alrededores de los decorados naturales del Espagueti Wéstern, como si fuera Clint Eastwood pero yendo en bici en lugar de a caballo.
Mas es el bueno de la película de la Vuelta. Gall se gana el apodo del feo porque no sabe atacar, se precipita, desaprovecha a los compañeros y luego nada, nada de nada. Y Roglic sigue siendo el malo porque, aunque ya esté en la recta final de su carrera deportiva, tiene la suficiente clase para amargarle a Mas el triunfo en la Vuelta. En su cabeza más que cerebro hay una calculadora.
En Mónaco, salida de la Vuelta, se hablaba con una persona de su entorno más próximo. Contaba que había chocado con un coche entrenando a principios de agosto, precisamente en el principado, y que dudó en apuntarse a la Vuelta. Primero lo hizo convencido de que llegaría al podio para acompañar en la foto de Granada a su compatriota Pogacar. Una vez retirado el astro del ciclismo mundial sabe que aspira a la Vuelta y que sólo Mas, crecido y motivado, le puede amargar una quinta victoria. “Volará en la tercera semana”, decía su persona de confianza. Falta poco para descubrirlo.
Mientras tanto, el que disfruta es Mas. “Voy a intentar ganar la Vuelta”, contesta con desparpajo. “Ojalá disfrutéis de este Enric porque nunca había tenido unas piernas tan fuertes como ahora”. Habla después de abrazarse a los auxiliares y celebrar que la vieja táctica, tantas veces practicada por Eusebio Unzué, ciclistas por delante y programar el lugar del ataque, ha salido de fábula. Día grande para el líder y para una Vuelta que descubre al heredero esloveno de Pogacar. ¿Qué más se puede pedir? Que la fiesta no se pare.