
Paula Leitón llega rutilante, aunque tarde, a la cita. No es su culpa. Viene casi directamente de recibir, de manos de los Reyes, la medalla Reina Sofía a los valores en el deporte en el Palacio del Pardo, a las afueras de Madrid, y lleva una eternidad atrapada en un taxi en medio del infernal tráfico de la ciudad, tomada por la tractorada de los agricultores contra Mercosur. Cuando irrumpe en el hotel donde se aloja, altísima y rotundísima con sus 188 centímetros de altura y sus 96 kilos de peso, según confiesa ella misma en la contraportada de su libro XXL, llama todavía más la atención por su atuendo: un regio vestido de gala azul profundo, hecho a medida para la ocasión por el diseñador sevillano Nicolás Montenegro, que le sienta como un guante. No viene sola. La acompaña Rocío, su representante, y pareja, una mujer joven tan imponente como ella con la que forma, dicen ambas, un equipo dentro y fuera de casa. Se entienden con mirarse.

LA 'BOYA' SE MUEVE
Paula Leitón (Barcelona, 25 años) siempre fue una niña grande, en todos los sentidos. A los 4 añitos, los profesores y los médicos le recomendaron que nadara y, desde entonces, casi no ha salido del agua. Alta y robusta, la combinación de aptitudes físicas y de talante organizador convenció a sus entrenadores de que podía ser una estrella del waterpolo. No ha defraudado expectativas. Campeona olímpica con la Selección femenina en París 2024, las crueles críticas recibidas en redes sobre su aspecto solo han reforzado la voluntad y las ganas de la 'boya' española. Su objetivo es llegar a Los Ángeles, 2028. “Después, hablamos de Brisbane, 2032”, promete.