
Ya se adivinan los trazos de Chus Mateo en la nueva selección española de baloncesto. Se trata de un equipo esforzado que reparte el protagonismo con el balón y se une como una familia cuando hay que defender cada ataque del rival. Gente con hambre, unos con el deseo juvenil de escribir su nombre y otros con la ilusión del reconocimiento en la madurez de sus carreras. La mezcla la completa el técnico con una pasión contagiosa y su riqueza táctica para atar tres victorias seguidas en la clasificación para el Mundial de 2027, al última este viernes contra Ucrania en el exilio de Riga por 66-86. Álvaro Cárdenas y Ferran Bassas, dos generaciones unidas, acapararon los focos con 16 puntos y cuatro triples sin fallo cada uno.