Siempre mostró detalles de grandeza. So toque personal, sus desplazamientos diferentes, su quiebre de cintura hacían presagiar un talento poco común en el fútbol venezolano. A tanto llegó su deslumbre, que los medios de comunicación lo llamaron “la Joya”.
El nuevo nombre parecía exagerado, desembocadura de un entusiasmo desmedido, aunque en un fútbol del que no salen jugadores de tamaña gracia, parecía apropiado. Tanto fue así, que saltando brechas y categorías jugó el Suramericano Sub-20 siendo aún un muchacho de 17.
Así fue al Suramericano de su edad como capitán de Venezuela, y con cuatro dianas se convirtió en el goleador de la Vinotinto. Fue al Mundial de su edad y marcó una vez ante Nueva Zelanda, aunque por una imprudente lesión su participación fue escasa. Esa mismo año, 2023, debutó con la selección absoluta, y un año después, con la sub-23, jugó en Caracas el torneo Preolímpico. Entonces fraguaba el gran jugador, “la Joya” anunciada, y se vislumbraba para él un porvenir de grandes días…
Mas, el proceso no se apuró. Fue lento, paso a paso como le gusta decir a los entrenadores, y David Martínez parecía que dejaba de ser “la Joya” para convertirse en un jugador normal, de esos que salen a cada rato de las canteras nacionales. Partió a Estados Unidos, se ganó un lugar en el equipo de Los Ángeles FC, y ahora estremece a la afición nacional con su gol, marcado “con la honda y la piedra de David a Goliat”, ante el Inter de Miami en el estreno en Los Ángeles de la temporada de la Major League Soccer.
Entonces, vuelta atrás. Con veinte años recién cumplidos este mes de febrero, el joven nacido en el estado Anzoátegui renace a la edad que otros apenas nacen. Sus maneras, su concepción de fútbol podrían hacer de él un jugador que podría buscar la titularidad en la nueva Vinotinto, la que ahora dirige Oswaldo Vizcarrondo, y que procura en el firmamento de América del Sur un tesoro escondido que la lleve el Mundial de 2030…
Rayo Vallecano: En la columna del viernes pasado hablamos del Rayo Vallecano en su victoria sobre el Atlético de Madrid, y dijimos que el equipo provenía del madrileño Puerto de Vallecas. Un lector no hace la corrección: “Vallecas no es un puerto, sino un parque. No existe el puerto, sino el Parque de Vallecas ubicado en el sur de Madrid”, dice en su observación.
“Allá yo iba de niño, y había un campo donde jugaba un equipo de octava o novena división, llamado Rayo Vallecano. La confusión viene de que allá hay una fiesta anual, que existe desde finales del siglo pasado, llamada Vallecas Puerto de Mar, o algo así”. Gracias a Mauricio Soler, el citado lector, por corregir una errada información. Nos vemos por ahí.
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